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Blemished

febrero 10, 2018

So petty I know

You had me go get drunk

Not proud of what I did

But still I want you

It’s not the wine that speaks

That I can grant you

You’re playing hide and seek

I understand that

You’re playing hide and seek

And we deserve that

You’re taking your time out

And then I want you more

 

Quit the drama

Quite the picture

Everything I’d reject

In a good start

 

Then it’s just life

Want the real thing

Couldn’t see that coming

You got my word

 

I said I’m blemished and I meant it

You said I’m not but I don’t care

As long as you’re not there

 

I shed my skin just watch the outcome

Some say that love just shouldn’t hurt

But then they are not here

 

I’m writing for no-one

At least I know that

Two paths that crossed by chance

Or was that meant too?

You go get mystical

I’m turning human

Take time as well you please

And come full circle

 

Quit the drama

Get the picture

Speak of sins from our birth

I’ll have a snore

 

Then it’s just life

Come and get it

Couldn’t want you no more

Feel distant cries

 

I said I’m blemished and I meant it

You said I’m not but I don’t care

As long as you’re not there

 

I shed my skin just watch the outcome

Some say that love just shouldn’t hurt

But then they are not here

 

 

 

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Faces

octubre 28, 2016

The bus finally approached, shaking slightly along the uneven poorly-lit street. Feeling tired and relieved, as usual, he waited for the doors to open and mounted the front steps. He nodded the driver a lukewarm good evening and made for the turnstile in the middle of the empty aisle.

He pressed his wallet against the reader as he held on to the railing; this bus always took that sharp turn-and-slope at the corner. Lifting his backpack, he pushed his weight on to the back aisle as he quickly panned around the rear for an unoccupied double seat. It didn’t matter much, though.

As he came closer to the back seat, he spotted the faces of two guys sitting in the center; one an unknown generic profile looking out the window and the other a young man with his forehead half-covered by the hood of his black jumper. All was black on and around him: the pants, a jacket, tattoos on his hands and his undistinguishable gaze. This guy, however, he knew.

He looked down at his boots to avoid looking at his face, for he noticed in the half-light what he reckoned was the shape of a sleeping woman leaning on his side. He shouldn’t look. He came within a yard and simply nodded slightly; before he’d had the time to turn, the guy blinked back meaningfully, still motionless, in recognition.

He knew –he figured. He turned and sat on the window seat one row ahead, placing his backpack on his lap as he turned up the music on his phone headset. It might be a long short ride. Nothing happened.

Faces look ugly when they eye you as a stranger. The traces of a grip known, or perhaps faintly remembered still, yet obliterated in pretense and the numbness of a public non-encounter.

Maybe it was just a big bag after all. Not his, for he didn’t come say hi at all anyway but he did get off the bus a few stops down the second avenue, his hands in his pockets and his head hanging low under his hood, as he’d once come.

 

Hide from the Sun

agosto 29, 2016

Hide from the sun

We’ve learned to

Hide hide from it

Lest a ray

Hit brighten illuminate

 

In the cracks of town

Along the crevices

We crawl

Fully armoured

Shielded blocked

No patch of nakedness

 

Who dare expose

Animal hide whatsoever

To the sun

The elements

Those natural strangers

Enemies destroyers

 

The latest era of humanity

Much the least human

May as well be the last

 

 

Deseo

abril 30, 2016

 

Tanta felicidad

Que no te reconozcas.

 

Tanta dicha

Que no quepa en tus días

Y amanezcas

Velando su sueño.

 

Te deseo mi amor.

 

Tanto amor

Que saliendo te vuelvas

Y le digas “Te amo”

A los ojos

Esta vez.

 

 

SAL

abril 24, 2016

Sal.

Allí todo nuestro tiempo,

todo nuestro amor.

 

Te di

mi vida,

para que guardes;

para tenerte

y vivirla.

 

Allí está.

 

Sal:

en mi boca,

en tu rostro;

en las manos.

 

Cambié mi cuerpo

por el tuyo;

te avecinaste

a mi piel.

 

Nos habitamos,

nos cobijamos;

nos permitimos.

 

Te di mi vida;

vida.

Me diste sal.

.

Nêga na Cidade

febrero 7, 2016

Nêga mineira

Encostada na janela

Do meu quarto no apê

Aqui em São Paulo,

Olhando com estranheza

Para fora da janela

Sem conseguir entender.

 

Nêga mineira

Não é de madeira…

Antes fosse,

Não se sentir raridade

No meio dessa cidade,

Que não é pra nêgo viver.

 

“Sai para a rua”

Eu disse à minha bela nêga;

“Sai para a rua

E bota a cara na gente”.

Ela me olhou de repente,

Como quem vê quem não entende.

 

“Vou sair sim, meu bem;

Passearei, enfeitada feita dona,

De vestido vaporoso,

Cabelo solto no ar.”

“Depois tu aguenta, meu rei,

Eu voltar toda confusa,

Em um choro vergonhoso

Humilhada para o lar.”

 

Nêga mineira…

Que triste sabedoria,

A vergonha fosse minha

E precisar me esconder.

Nessa cidade,

Nesse tempo e nessa hora.

Minha nêga, vamo’ embora

Pr’onde a gente possa ser.

 

 

“El Disparo” (de Zona Ocupada)

agosto 23, 2015

Si no lo hago ahora, no lo voy a hacer nunca. Es necesario que sea ahora. Ahora porque el dolor me está matando. Ahora porque la memoria que se nutre del dolor tal vez sea la única memoria que perdura incólume. Tiene que ser ahora. Antes de que la angustia me paralice. Ahora, tiene que ser ahora el momento en que empiece a contar la historia de mi madre, la historia de Bianka Manuela Zakrzewski.

Cierro los ojos y veo una cama. Siempre una cama. Una cama que es el mundo, el mundo de mi madre que es el personaje de esta historia. Una cama que queda en un cuarto, después en otro cuarto en una sucesión de cuartos que parece no terminar nunca. Y en todas esas camas, en todos los cuartos, siempre mi madre escondida debajo de las frazadas. Casi invisible encogida debajo de las frazadas. Abro los ojos e imagino mi cama. Necesito dormir. Pero antes, aunque sólo sea en algunas líneas, quiero empezar a contar la historia de mi madre.

Kilinskiego, Paraguay, Barão de Melgaço, Acevedo, Salguero, Alameda Barros, Esnaola, Ayacucho, Brigadeiro Melo, Julián Álvarez, Paraguay, Oscar Freire, la avenida Paulista. Esas fueron algunas de las calles en las que vivió mi madre. Entre Włocławek, Buenos Aires y San Pablo. La calle en la que vivió en Cochabamba ya no existe en la memoria familiar porque la única memoria familiar soy yo y desconozco ese dato. Escribí el nombre de las calles sin respetar un orden cronológico; fue una explosión de nombres para poder empezar. Kilinskiego. Esnaola. Ayacucho. Brigadeiro Melo. Barão de Melgaço.

Pero el paraíso quedaba en Esnaola. En el pasaje Esnaola en el barrio de la Paternal en Buenos Aires. Esnaola 636. La edad de oro, la Tierra Prometida que quedó atrás porque esa es la regla: las tierras prometidas siempre quedan atrás de nosotros.

Escribo Esnaola y veo la sonrisa de mi madre. Una sonrisa extática e ingenua. Una sonrisa melancólica que a pesar de la melancolía deja entrever tiempos felices. Veo que escribí Esnaola y veo las fotos que guardé para confirmar que mi madre tenía razón: el paraíso existió en la casa del pasaje Esnaola. Esnaola 636.

¿Y las camas? ¿Y la cama?

Las camas.

Nunca escribí una historia. Nunca escribí más que lo necesario que es lo que escribe la mayoría de las personas: algunas cartas. Pero la historia de mi madre, si es que voy a lograr contar la historia de mi madre, tiene que empezar en una cama. En la cama en la que fue concebida. En la cama en la que dormía cuando niña. En la cama de su primera noche de amor. En la cama del hospital después de haber dado a luz a su primer hijo. En la cama en la que durmió con mi padre durante cinco años. Aunque si lo pienso bien y trato de ser fiel a la realidad, la historia de mi madre es la historia de una mujer joven postrada en una cama. De una mujer adulta postrada en una cama. De una mujer adulta postrada en una cama. De una mujer con cáncer terminal postrada en una cama.

O podría comenzar en un cuarto. En un cuarto del que no se puede salir. O en un departamento. Un departamento del cual tampoco se puede salir. Como Papillon en la Isla del Diablo. La historia de Bianka Manuela Zakrzewski, una mujer que no tuvo la fuerza ni el coraje de construir una balsa para escaparse de la Isla del Diablo. Mi madre, que nunca cometió ningún crimen, que jamás violó ninguna ley, que fue noble y altiva, generosa, sensible y arrogante, esa mujer, mi madre, vivió en una cárcel casi toda su vida. En una cárcel que por obra de otros a veces quedaba en la ciudad más hermosa del mundo. La única ciudad en la que fue feliz. La ciudad que extrañó demencialmente cada vez que la arrancaron de Buenos Aires para colocar la cárcel en otro lugar. En un lugar que sólo por no ser Buenos Aires era ningún lugar. En un lugar que por ser San Pablo fue el infierno. La Isla del Diablo.

Ahora que me cargo a mí misma de otra manera, y que cargo a mi madre de otra manera porque acabo de recibir los tacos de parafina con mi tumor para que en Israel alguien los analice y me diga qué hacer, cómo seguir viviendo; ahora que también traje conmigo del laboratorio los laudos de los tumores de mi madre; ahora que estamos juntas en esas hojas de papel con nombres y códigos y fórmulas y veredictos; ahora que me cargo y cargo a mi madre como nunca antes me cargué y cargué a mi madre; ahora sé que tengo que contar la historia de mi madre. Ahora que de reojo miro los laudos en el papel y veo el fin de la vida de mi madre, lo que sería el fin sin saberlo en aquel momento; ahora que mi madre está muerta y yo recuperándome de la segunda cirugía; ahora que tengo frente a mí todas las cajas con fotos y con cartas de todas las direcciones que mencioné antes; ahora que es víspera de año nuevo y que estoy sola en la ciudad en que nací por un capricho de nuestra historia y a la que volví por una tragedia de nuestra historia, la tragedia de la historia de mi madre, ahora tengo que empezar. Tiene que ser ahora porque no siempre se puede volver a empezar y porque no siempre se puede volver.

Una mujer de cincuenta años necesita con urgencia empezar a contar una historia. Una larga historia como son las historias familiares. ¿Fue la nuestra una epopeya? ¿Una larga pesadilla? ¿Un sueño soñado por todos nosotros que la realidad nos robó para dejarnos desparramados en la vida? ¿Gringos y solos en la vida y gringos y solos en los cementerios? No lo sé. Tampoco sé si la cronología es la mejor forma de contar lo que sé, contar lo que recuerdo nítidamente y lo que casi ya no recuerdo, contar lo que me contaron o lo que me parece que me contaron. O contar lo que mis recuerdos y mis fantasías, y mis sueños, y centenas de fotos y cartas, todo mezclado, me dicen que esa, sólo esa y no otra es la historia de mi madre.

¿Por qué la urgencia? ¿Y por qué detenerse tanto en el intento de descifrar esa urgencia? Es mejor contar la historia. Contar y seguir viviendo. Contar y esperar la muerte.

[TOPEL, Marta F., 2015 ed. Acervo Cultural – distr. Galerna]