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Polifonía Cacahuate

febrero 23, 2012

“[Todos] tendemos a una promisoria y gratuita inmortalidad, la cual se me antoja una pena y una vergüenza: estamos acabando con una de las pocas creaciones del hombre de las que sus congéneres no habían podido servirse o arrebatarle ni tergiversar para llevarla contra sus propios intereses.”

Nadie

..

Yo vi el hombre pisar la Luna. Yo vi el mejor gol de tiro libre que la historia haya conocido. Yo vi la Primavera Árabe en vivo y en directo.

Supe (y sé) que el color violáceo de las ojeras se disimula con correctores de tonalidades amarillas, que los desmanes de los que te hablé por primera vez fueron organizados por grupos conectados a través de redes sociales, y también que no fue así.

Sé a ciencia cierta que una megatempestad magnética proveniente del sol puede, y seguramente lo hará, colisionar contra la atmósfera de la Tierra, ocasionando una hecatombe de proporciones jamás vistas -y apaga la luz porque nos vamos, pero no cierres la  puerta, que ya no existe. Y que un huevo puede cocerse a 65 grados y es cocina molecular. Lo vi, lo escuché y lo leí más tarde.

Yo me enteré del concejal de mi pueblo cogiendo un soborno de varios billetes, y vi al gobernador de una capital aceptando gruesos fajos y metiéndolos en sus pantalones, en las medias y casi hasta en el culo. Me esforcé y logré asistir al nacimiento de sextillizos en una potencia, y con el resto que me quedaba miré y comprendí los ardides de la mayor nación para montar un atentado terrorista sobre las espaldas del nombre de un pueblo; y conté la friolera de tres mil víctimas ignorantes inmoladas a cambio del salvoconducto, y un millón de victimarios victimizados sin saber gracias al pase libre. Y ofertas imperdibles de cosas que no necesito. Y me fui a dormir.

No soñé con descubrimientos; tuve que aguardar la vigilia para volver a tener mis superpoderes que me permiten viajar al pasado, desvendar el presente y saber el futuro. Curioso. Cuando dormí, no pude dislocarme en incontables ojos y oídos, ni transportarme sin siquiera precisar soñar que volaba, a nociones más allá de la velocidad y el espacio.

Y todo sin hablar, y todo sin mojarme la frente, las manos o el calzón.

Yo vi la muerte de Teresa  y la asunción del santo, el hombre más alto y las tetas más grandes, la danza del verano y cadáveres en Auschwitz. Todo eso más o menos en ese orden sucesivo. Hoy tengo seguidores que no sabemos qué siguen, ni porqué ríen, ni por quién viven.

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One Comment leave one →
  1. Prima Pola permalink
    febrero 24, 2012 5:48 pm

    Qué buenas palabras claras y bien ordenadas. Continúa entregándonos tus palabras comos disparadores de materia gris

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