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El Mártir de Monyash

febrero 29, 2012

Laura Weldon, 28, nacida y criada en Athens, Ohio, es una paciente ambulatoria del Hospital de la Cruz Blanca. Si bien no presenta mayores complicaciones en su tratamiento, y no ha precisado internación desde agosto del año pasado, no presenta notables mejorías en su condición y continúa mostrando manías persecutorias y delirios esquizoides. En las diez semanas que llevo supervisando su tratamiento, no he registrado progreso; por el contrario, Laura continúa estable de carácter, pero ha manifestado un notable ensimismamiento y la recurrencia de sus cuadros de pánico y delirio se está agudizando. Seguidamente presento una narración, más o menos fidedigna, de la historia que repite desde su primera internación hace tres años, contada a través sus palabras y versiones en entrevistas a los compañeros de trabajo de su novio.

Laura y su novio Hunter Benedict (1979 – ?) tenían una relación afectiva estable y afianzada y planeaban ir a vivir juntos en el estado de California apenas ella terminara su maestría en Arte Indígena Norteamericano en Athens. Él, un poco mayor que ella, estaba haciendo un doctorado en arqueología por  la Universidad de Stanford, en conjunto con el UCL (Reino Unido). Como su línea de investigación tenía que ver con Imágenes Sacras del Arte Románico Inglés, viajó a la localidad de Monyash, en el condado de Derby, en la región centro-occidental de Inglaterra. Allí se encontraba con un equipo de investigadores de Stanford y el UCL, estudiando construcciones y el legado Románico en la región.

Gracias a las posibilidades de la comunicación rápida por Internet, se comunicaban casi a diario por Skype. Una noche, mientras estaban conversando online, Hunter estaba un poco distraído por el sueño (era muy tarde dada la diferencia de husos horarios entre los dos países) y no había grandes novedades que contar. En un momento de la conversación, según el relato de Hunter a uno de sus colegas, Laura “dio un grito desgarrador de terror” y se echó hacia atrás en su silla con una expresión de pánico “que asustó al proprio Hunter”. La comunicación se cortó casi inmediatamente. Él intentó entrar en contacto llamando nuevamente, pero no lo consiguió. Preocupado, lo intentó varias veces más, sin resultado. Salió de su tienda y se dirigió a la estructura que servía de cocina y comedor para tomar café y mantenerse despierto, y allí se encontró con uno de sus compañeros y le comentó lo sucedido. Su compañero le preguntó si su novia vivía sola, a lo que Benedict respondió que no, que vivía con su madre y su hermano menor. El colega lo tranquilizó reflexionando que seguramente se trataría de algún bicho que entró por la ventana, o un insecto que ella vio caminando encima de la pantalla lo que ocasionó el susto, y que probablemente Laura habría arrancado un cable al salir despavorida.

Hunter no se quedó completamente sosegado con la teoría, y volvió a su tienda a intentar entrar en contacto con Laura. Se encontró con un email de ella que relataba lo siguiente:

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“Amor,

Te pido que me disculpes, pero mi reacción no fue para nada exagerada, como seguro estarás pensando. Caí de la silla y con la pierna derribé la computadora y la cámara no funciona, pero estoy bien. Necesito que leas con mucha atención. Lo que vi no es producto de mi imaginación, y te pido por favor que prestes atención a lo que te digo… es demasiado grotesco e inhumano para describirse, nunca había visto una cosa semejante y pido al Señor que sea un gran, gran error… no puedo imaginar el peligro que representa que algo así exista en verdad. Esos ojos suplicantes, el cuello como sin carne… nunca jamás vi algo tan espantoso y con un aspecto tan despiadado!!

Por favor, cariño, reza por todos y cuídate, y hazme saber que estás bien tú allá.”

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Sin más, de esa manera acababa el mensaje de Laura. Hunter se quedó pensando en todo eso, más preocupado que asustado, ya que no podía entender de qué se trataba. Ella le había escrito que estaba bien, pero ese tipo de visiones no eran normales. Él pensó que no podía ser nada real y, para no preocuparse con que su mujer estuviese perdiendo la cordura, se convenció de que tenía que haber sido el recuerdo de imágenes que ella hubiera visto durante sus estudios, y que, en el silencio y la quietud de la noche, la asaltaba y la asustaba. Con el sueño perdido por el incidente, continuó trabajando, releyendo anotaciones y mirando imágenes, hasta que el cansancio volvió a tomar cuenta y se fue a dormir entrada la madrugada.

El día siguiente comenzó como cualquier otro para Benedict, salvo que un poco de preocupación no lo dejó concentrarse en las tareas más tediosas de la mañana. Por la tarde, él y un par de colegas fueron a entrevistar moradores de Monyash; se separaron para administrar el tiempo de manera más eficiente y se reencontraron al caer la noche en el laboratorio, para compartir y comparar informaciones. Uno de sus compañeros de equipo, un joven inglés llamado Thornton, les relató una historia que había escuchado de una anciana un poco decadente, pero la cual, sin embargo, le había llamado la atención como dato folclórico –y, de todas maneras, le había impresionado bastante. Era una leyenda local sobre el prior de una de las diócesis del condado, o mejor dicho sobre el prior y un párroco de Monyash que vivió en la iglesia de la ciudad en el siglo XIII. La historia no le interesó mucho a nadie, tal vez por  carecer de todo rigor histórico y valor científico. Sin embargo, Thornton continuó investigando por su cuenta luego de la finalización del trabajo de equipo. A continuación reproduzco el resumen que mandó a la policía semanas más tarde, en vista de los acontecimientos que habrían de desenvolverse por aquellos días, suponiendo que entonces podría tener alguna utilidad. Ni la policía distrital ni Scotland Yard le atribuyeron ningún valor de hecho, por supuesto, pero la madre de Laura se las ingenió para conseguirlo y yo se lo pedí (y copié) hace un par de semanas:

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“[…] encontré al menos un manuscrito en relativo estado de conservación datado AD1287 que avala, de manera más que circunstancial a mi entender, la historia que me fuera relatada en su momento por una habitante de Monyash, más allá de las inexactitudes e impertinencias folclóricas debidas, probablemente, al paso del tiempo y a la deteriorada memoria de quien me lo contó. El pergamino, conteniendo lo que aparentemente es una ilustración cubierta por tinta deliberadamente volcada encima, cuyo contenido original podría saberse si se sometiese a análisis espectrográfico en laboratorio, muestra en sus partes legibles el texto: Qualiter Theobaldus liberavit (…) daemon (…) volebat (caedes?) [Cómo Theobald liberó (…) demonio (…) procuraba (asesinar?)] Esto condice con los primeros relatos que yo obtuve de la leyenda de Theobald, quien, según los registros del ahora abandonado Convento de Santa Ifigenia en Bakewell, fue prior entre los años de 1245 y 1266. Murió a los 54 años en Monyash. No hay más datos.”

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La leyenda cuenta una serie de episodios fantásticos y oscuros que tuvieron lugar en la iglesia de St. Leonard de Monyash. El prior Theobald de Corbeil visitó St. Leonard’s por supuestas irregularidades de comportamiento y carácter eclesiástico por parte del entonces cura párroco (Albert Lucius?), y habría descubierto que éste se encontraba terriblemente afligido por “la influencia del Mal Oscuro”. Tuvieron una discusión y, aparentemente, “un demonio” atacó al párroco. Theobald (que fue un hombre muy respetado, emparentado a William de Corbeil, Arzobispo de Canterbury, y a quien se le atribuyen por lo menos otras dos sanaciones) lo “liberó” del demonio, como aparentemente refrenda el manuscrito de 1287, y no regresó a St. Leonard’s sino hasta 1266, cuando se produjo la misteriosa desaparición de (Lucius). Entonces Theobald se encerró en la iglesia y pidió que nadie entrase, se oyera lo que se oyese. Al cabo de tres días, en los cuales no se supo nada del prior, se escucharon gritos desgarradores y los pobladores de Monyash decidieron forzar su ingreso a la iglesia. Allí se depararon con una escena macabra: Theobald habría sido asesinado por un “demonio” y fue encontrado con el cuello destrozado, los ojos abiertos y desorbitados, y una cruz de plata clavada en la carne de una de sus manos apretadas. Según la historia, Theobald muerto ha aparecido varias veces, sobre todo en las inmediaciones de la iglesia, suplicando perdón por la muerte de Lucius.

Hunter nunca supo de estas historias, y continuó con su trabajo de investigación como lo había hecho hasta ese momento. Un par de días pasaron sin que él volviera a saber de Laura. Lo único relatado destacable de esos días es que sufrió de fuertes dolores de cabeza y de espalda, probablemente por las largas horas de trabajo y la preocupación por su novia, que no lo dejaba descansar por las noches. Según sus colegas de Stanford, que lo conocían mejor, se despertaba en medio de la noche y salía a caminar para recomponerse. Según Thornton, que presumiblemente lo espiaba y puede haberlo seguido, Benedict pasaba noches de extremo dolor y recorría las inmediaciones hablando solo; pero no existen relatos de que él fuera sonámbulo, y nunca contó nada parecido a ninguno de sus compañeros. Thornton fue descartado como testigo de la investigación por indicios de demencia mística. Lo único que llama la atención es que en el cuaderno de registros de Benedict, en notas al margen, pueden leerse comentarios como “Tiene que estar bien,” o “La imagen de su mirada no me deja dormir,” atribuidos por la policía a su desvelo por el bienestar de Weldon.

Cuando él consiguió comunicarse con Ohio, su suegra respondió el llamado y le dijo que estaba comenzando a preocuparse por la salud de su hija, que no se encontraba en casa en ese momento, pero que estaba comportándose de manera extraña y pasando horas encerrada en su cuarto o rezando en la iglesia. Luego de hacer reparar su computadora, Laura llamó a Hunter esa misma noche y lo encontró estudiando. Cuenta ella que lo vio muy demacrado, enfermo de preocupación, y que “él le dijo que era por ella pero ella intuía que algo terrible estaba sucediendo”. El resto del relato ha sido reiterado innumerables veces por la paciente, y transcribo a continuación una grabación reciente:

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“(Hunter) estaba sentado en su silla, pálido y con aspecto de no haber dormido, y me preguntaba cómo yo me encontraba. Yo quería hablar sobre él, pero él tenía esta especie de fijación con mi salud, pobre ángel… Tenía una cruz colgada sobre el pecho, y él nunca había usado ninguna imagen, por lo que le pedí que me contara cómo él se encontraba. Él respondía con evasivas, y había algo que no me estaba diciendo. Quería hablar sobre lo ocurrido días [atrás]… yo le dije que no quería que me tomara por loca.

Fue entonces cuando lo vi de nuevo… ¡Ay, Jesús Cristo mi Señor! Quedé sin habla. Hunter me miraba horrorizado, y yo no podía ni siquiera indicarle lo que (…) ¡Mi amor, mi ángel! Esa figura espeluznante, ese hombre estaba parado detrás suyo, con sus ojos muertos abiertos y la carne negra y los huesos de su cuello. Yo grité, grité… yo… ¡él giró la cabeza y lo vio! Se levantó y se echó hacia atrás sobre la pantalla y no vi más nada, y mi  madre entró y yo no pude parar de gritar.”

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Laura Weldon fue socorrida por paramédicos locales y llevada en estado de shock al hospital, donde permaneció dos días internada en observación. Sus constantes intentos de arrancarse los tubos y huir hicieron que fuera necesario sedarla y atarla a la cama. Cuando fue examinada por los médicos y psiquiatras, éstos decidieron que su estado de delirio requería cuidados en una clínica para pacientes mentales, en la que pasó cuatro meses hasta que fue dada de alta de internación y pasó a ser paciente ambulatoria, situación en la que se encuentra hasta hoy.

Hunter Benedict desapareció del asentamiento de Monyash misteriosamente la noche de la internación de Weldon, y nunca pudo darse con él ni se tuvo indicio alguno de su paradero. Lo único que dejó fueron sus análisis, sus anotaciones, materiales y todas sus pertenencias, y una cruz de plata con pedazos de su piel incrustados en las puntas, que arrojaron coincidencias con su tipo de sangre.

A los 3 días del mes de febrero de 2012, yo, Joseph Martin Galbraith, Médico y Doctor en Psiquiatría por la Universidad de Ohio, me declaro incompetente para continuar el tratamiento de Laura Weldon. Motivos ajenos a lo profesional me han hecho darme cuenta de que no puedo seguir trabajando con su caso; de hecho, pretendo tomar una licencia laboral por tiempo indeterminado.

Creo en Laura. Sé que su historia, por fabulosa que parezca, es verdadera. He hablado mucho con ella fuera del tiempo de consulta, y he llegado a cuestionarme mi sano juicio al descubrir cuán tentado y atraído me sentía por el relato de sus experiencias. Sé que con esto voy a ganarme el descrédito de mis pares, probablemente el rechazo de mi familia y casi seguramente una investigación instigada a la revocación de mi licencia. Pero me he exasperado por llegar a la verdad, quebrando los códigos de la ética profesional y tal vez los de la aceptable conducta cristiana.

Leí, investigué; busqué y me comuniqué con todo el que pudiera brindarme datos sobre Monyash, su historia y su leyenda. Hablé con Richard Thornton y él me contó cosas que verifican todo lo que Laura y yo sabemos.

Viajé a Derby. Lo vi: ¡Theobald existe! Dios, perdóname por esto, pero la verdad debe ser dicha. La leyenda es cierta; hay siervos Tuyos que no descansan en paz. St. Leonard’s está maldita, y Theobald de Corbeil ha vuelto y volverá para mostrarlo.

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