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[A09]

marzo 4, 2012

Pronto, no hubo lugar

en las mesas de familia,

ni en las cortes de palacio,

ni siquiera

en los remansos del camino.

 

No hubo lugar

en las calles de los pueblos

ni en los pueblos de las calles.

 

Pronto, no hubo pudor

en castigar al poeta

por creer en su misión.

 

No hubo piedad

al condenar su herejía de fe.

 

Pronto, no hubo lugar

en las mentes de los sabios,

ni en las almas de los santos;

tampoco

en los brazos de las ninfas.

 

No hubo dolor;

no hubo pena.

 

Al país de los poetas exiliados

lo llamaron libertad.

.

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