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Nadie

abril 15, 2012

Pasaste tu vida luchando.

Resististe cambios, o quien quiso cambiarte.

Te negaste a irte y a quedarte donde te querían dejar.

Te quemaste con el sol y te helaste en el frío del invierno

Pero fuiste siempre el mismo: el que no cede,

El que se adapta para ser fiel a sus principios.

Que no te compró el discurso de la izquierda

Ni te subyugó la mano derecha,

De eso siempre estuviste orgulloso.

Nadie te puso un pie encima

Ni un arma en la cabeza, porque no hizo falta.

Viste pasar guerra y paz, y cada una

Fue menos triste y más amarga pasado su momento.

Poco cambió.

No pretendiste tu nombre en la gloria,

Mas nunca dejaste que lo insultaran sin defenderlo;

Con palabras, sin palos ni piedras;

Con hechos, con hechos, con vida.

Como sólo un hombre sabe hacer.

Y en el día de tu muerte,

A pesar de todo, no estabas preparado.

Te levantaste, besaste la foto de tus hijos;

El que te esperaba para el trabajo

Y el que te mataron.

Miraste a tu esposa

Sin decir palabra,

Buscaste en sus ojos

El amor de siempre

Y allí lo encontraste;

Saliste a la calle,

Oíste los gritos

De los que pasaban;

Viste a tus vecinos

Andando ocupados.

Fue en ese último día,

Como en otro

Cualquiera,

Que miraste al cielo, como siempre,

Buscando una palabra

Que seguía sin venir, sino en tu corazón;

Reconociéndote, sosiego

Al comienzo de la tarea.

Y cuando tomó

La muerte tu cuerpo,

De a poco, sin pausa,

Sin aviso previo y sin la mínima

Intención de soltarte,

Pensaste en lo poco que estabas dejando.

Como todos.

Si pudo hacerse más, o menos, ahora

Era anécdota estadística

Para los que quedaron abandonados.

Como todos.

En el día de tu muerte

No volaron palomas en silencio venerable,

No planearon cuervos anunciando tu partida.

Cuando fue tu hora de irte,

Hiciste lo que pudiste: morir.

Corrió la noticia

Como corre el viento;

Voló tu nombre

Unas pocas calles

En tu barrio.

Los que se enteraron

Lloraron su dolor;

Nadie tu vida.

Y nada cambió:

En tu calle

Un poco de silencio aquella noche;

En el barrio

Tu nombre dicho bajo algunos días;

En la aldea y en la ciudad

No se supo.

Siguió la paz, y la guerra, de costumbre

Y como antes de tu vida,

Ahora sin ella.

Se buscaron unos hombres

Para asir empuñaduras

En tu caja de madera.

El agua continuó corriendo

Y  sol recorrió el cielo que le quedaba

Hasta bajar

De la vista de la gente

Que no miraba.

No sonaron trompetas de gloria

Y nadie vio los ángeles

Que fueron a tu encuentro en la tierra,

Apresurados, antes de tiempo,

Escurriendo de las piedras de las casas

Y cubriéndose los rostros encharcados;

El viento, apenas

Sacudió unas hojas a su paso.

Te llevaron en silencio

-cuando ya no estabas-

Y el ruido no cesó en el pueblo

Ni el odio entre los hombres;

Sólo el dolor en tu pecho

Dejó de existir.

Como todo.

.

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One Comment leave one →
  1. Mariana permalink
    abril 15, 2012 3:11 pm

    Sin otra palabra que EXCELENTE!!!

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