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Lena

julio 13, 2012

“El ligustro estaba muy alto, demasiado crecido. Ya estaba pasando la altura de la verja blanca del vecino, y quedaba muy fulero. Yo pensé y pensé, pero ahora, sin jardinero, ¿quién iba a cortarlo? Mi hermana, no; con todo lo que hace entre el trabajo y la casa… y, después de todo, somos gemelas: si yo soy alérgica a esos bichos que juntan las plantas, ella también debe ser. Mi cuñado, ese sí que no hace nada cuando llega. Se puede estar viniendo todo abajo, y él ni se inmuta. Bueno; en realidad hace cosas. Ayuda bastante a Helena; sobre todo los fines de semana. Los chicos nunca van a fijarse en el ligustro. No se fijan en sus cosas, ni en todo lo que dejan tirado por ahí. Se le  hace pesado a la madre. Yo hago lo que puedo; pero a nadie le gusta que la tía esté atrás, como si estuviera siguiéndolos. La más chica nunca tuvo mucha relación conmigo. Eso lo sacó del padre, que se la pasaba criticándome cuando la nena era chiquita y le metía ideas en la cabeza. Cuando yo vivía con mis padres, cuando mis padres vivían, yo era la tía soltera. No decía solterona, pero era lo mismo. Ahora soy la tía vieja. Y pensar que la madre, el padre y yo tenemos la misma edad; ¡cómo son los chicos! El mayor no me da bolilla. Nos llevábamos mejor, antes. Nos sentábamos a hablar de los abuelos. Ellos no se acuerdan mucho de los abuelos, ni siquiera él, que es más grande. Ahora hace como que no existo. Antes era más compañero; pero me di cuenta de que se me acercaba por conveniencia. Él estaba en la edad en la que se creen que pueden hacer lo que se les antoje, y quería fumar. Catorce años tenía cuando empezó a fumar. Se me acercaba más, cuando yo fumaba, antes de dejar después de mi problema, para poder pedirme un cigarrillo.”

“Entonces, ¿puede ser eso?”

“¿Eso, qué? Ay… ¡déjese de embromar!”

“Le parece que él dejó de acercarse porque usted dejó de fumar. O empezó a alejarse.”

“Ellos viven en su mundo. Pero es cierto, todos están un poco alejados. Bastante alejados.”

“Cuénteme del ligustro. Parece que no estaba tranquila con eso.”

“Yo presté atención al ligustro porque nadie presta atención a esas cosas. Siempre están viendo por sus necesidades, y nada más. En verdad, mirar, miran poco; si no, se darían cuenta de lo que tienen a su alrededor, incluyéndome a mí. Pero eso es otro tema. El jardín estaba muy crecido, descuidado. Hace un tiempo que no viene el jardinero. Yo, con esas cosas, no me meto. Con las plantas no puedo andar, por la alergia. Tampoco, por más que pudiera pasar un poco la podadora, me voy a poner a hacer fuerza para mover los bancos y la mesa; usted no sabe lo que pesan. De joven siempre tuve dolores lumbares.”

“Su sobrino… ¿Iñaki?”

“Sí, Ignacio. Los padres le dicen Iñaki; todo el mundo lo conoce como Iñaki, pero se llama Ignacio en realidad. La madre quería ponerle Iñaki por aquel presentador; pero, cuando nació, el nombre no estaba autorizado todavía. Entonces le pusieron Ignacio.”

“¿Él no usaba el jardín, como usted?”

“Yo no lo uso; a veces paso un rato ahí afuera, pero no lo uso. Trato de molestar lo menos posible. Para eso parece que existo, para estar siempre donde no quieren que esté.”

“Pero ese día, él fue al jardín y usted le pidió que la ayudara.”

“Ese día yo estaba sola. Anduve por toda la casa, es decir, por abajo; juntaba un poco de ropa que habían dejado por ahí. El living es grande, pero parece más chico cuando está lleno de cosas que deberían estar en otro lado. Yo junto la ropa, que siempre está tirada en los sillones. Como si no tuvieran dónde guardarla. Queda feo.”

“Y el jardín también estaba feo.”

“El jardín es lindo. Pero, ya le dije, estaba muy desprolijo…”

.

“¿Se siente bien? ¿Quiere un vaso de agua?”

“Estoy bien. Siempre me da tos a la mañana; sufro de los bronquios, y me despierto muy mal.”

“Sigamos. Estaba afuera, pensando en las plantas, y salió su sobrino.”

“Salió a fumar. La madre no lo deja fumar en la casa; dice que me hace mal, y tiene razón. Él, en su cuarto, hace lo que quiere. Se encierra y fuma. Pero yo arriba no voy, como se puede imaginar. Es mejor para ellos; ellos hacen su vida arriba, y no tienen que preocuparse porque yo me aparezca en el medio. Yo no voy a decirles lo que tienen que hacer, son grandes. Aunque a mí, a mí me indican todo el tiempo lo que tengo que hacer; como si hubiera mucho que yo pueda hacer. Hace ocho años que estoy postrada en esta silla. La misma; ocho años.”

“Gracias a Dios, no está postrada.”

“Es como si lo estuviera. Sólo puedo usar los brazos. Menos mal, porque así no dependo de nadie para hacerme de comer.”

“Usted había estado comiendo, aquel día en el jardín.”

“Me estaba preparando una ensalada. Yo como casi todo en ensalada; es más fácil y así puedo comer todo lo que necesito. Estaba haciéndome una ensalada con lo que encontré a mi altura, en la heladera y en la alacena. Me gusta mucho comer todo lo que es hojas verdes; les pongo queso, esos tomatitos que se pueden poner enteros. Tomates cherry, les dicen; en realidad se llaman olivetto. Los cherry son como cerezas, bien redondos. Por eso se llaman así. Los que se consiguen en el supermercado se llaman olivetto; son más alargados, como aceitunas. Hay más chicos y más grandes; yo a los grandes los corto.”

“Entonces… estaba con la ensalada; las hojas, el queso y los tomates.”

“No; tomates no había. Había lavado y secado las verduras y estaba cortando el queso. Entonces salió Ignacio, y le pedí si podía traerme el paquete de tostadas integrales. Él sabe cuáles son las que yo como. Pero me dijo que no; primero me dijo que no, y luego fue y me trajo pan. Yo no como pan blanco.”

“¿Usted había estado en el cuartito del jardín buscando herramientas? Cuando pensaba en el ligustro.”

“No. El muchacho que venía a cuidar las plantas siempre dejaba todo por ahí; él también era bastante desordenado. Pero era bueno como paisajista; tenía buen ojo.”

“¿Usted estaba cortando el queso cuando su sobrino le trajo el pan, y las herramientas estaban ahí a mano?”

“Él vino con el pan, que no era lo que yo le había pedido. Yo estaba preparando la ensalada, pero esperé que me trajera las tostadas para empezar a comer.”

“¿Y se enojó cuando le trajo el pan?”

“Doctor, ¿usted se piensa que soy una criatura? Le pedí que me trajera las tostadas, y me trajo pan. Yo le dije que le había pedido otra cosa; pan no iba a comer. Entonces empezó a gritarme de todo. Cosas irreproducibles; vieja de mierda fue lo más liviano. No paraba de gritar, y yo solamente le había dicho que no pensaba comer pan blanco porque él no quería traerme mis tostadas integrales.”

“Él ¿le gritaba, o gritaba?”

“Gritaba, me gritaba; es lo mismo. Me revoleó la bolsa de pan en la cara. Y ahí no me aguanté y le dije lo que pensaba; que era un mocoso insolente, que nunca ayudaba en nada y que encima dejaba un revoltijo a su paso. Largué todo. Le dije del ligustro; le pregunté si no se daba cuenta de que estaba todo crecido, el ligustro y todo. Y le pregunté si estaba esperando que yo hiciera todo, en mi estado; si no veía que las tijeras de podar estaban sobre la mesa hacía semanas, meses. Si yo las veía y las podía agarrar, le dije, es que estaban ahí… ¿él no las veía? Las agarré y se las mostré. Después me tuve que lavar bien las manos. Esas herramientas están un poco oxidadas, y el óxido es venenoso. Y yo tenía las manos… sucias.”

“Después de discutir con él, usted fue a lavarse las manos y volvió. Regresó al jardín y comió la ensalada.”

“Casi no comí; se me había ido el apetito. El queso, ni lo terminé de cortar. Él se había llevado el cuchillo y las tijeras.”

“Entiendo.”

“Él siempre es así conmigo; no me ayuda y tampoco me deja que haga las cosas sola. Si por lo menos me dejara en paz.”

“Y después, ¿qué hizo usted? Después de comer, ¿vio a su sobrino? ¿Usted no recuerda nada de lo que pasó con él, quién vino, nada recuerda?”

“No me deja hacer nada, y tampoco me ayuda. Antes era más pegado conmigo. Nos llevábamos mejor, antes.”

“Lena, me parece mejor que sigamos conversando en otro momento; tal vez mañana. Voy a llamar a la enfermera, ella la va a acompañar a su cuarto.”

“Acá hay más personas como yo, en sillas de ruedas. Y está bastante ordenado.”

.

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